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Cultura vial; comunicación y respeto

13 Noviembre 2016

Por: María Paloma R. Simental *

No concibo cómo es que algunas personas que no tienen siquiera un asesoramiento básico tomen un vehículo y se lancen a la aventura, y todavía hay quienes se creen dueños absolutos de la vía, creando desorden y formando para los demás encuentros desagradables.

La ciudad de Tijuana cuenta ya con innumerables deficiencias viales que limitan el ejercicio de andar como lo dicta el reglamento, para sumarle irresponsables al volante; si de por sí tenemos falta de mantenimiento de vialidades debido a baches, topes, alcantarillas mal tapadas, calles destrozadas por algún desperfecto en las tuberías, el crecimiento descontrolado de la ciudad, semáforos mal sincronizados, exceso de vehículos en circulación, nuevas obras  en construcción eternas, entre muchas cosas más; con todo estos embrollos, se genera el escenario perfecto para la puesta en escena de la jungla de asfalto, en donde muchas veces nos topamos con individuos que nos quieren casi comer, y al menos nos rugen aventando malayas por doquier.

El viaje placentero de conducir, poco a poco se ha convertido en una pesadilla, lo peor es que en estos tiempos de agresividad, las situaciones viales pueden tornarse muy peligrosas, ya que no falta el valentón que venga armado o sea influyente, y por haberle recordado a la progenitora porque se atravesó, venga desafiante y quiera bajarte del carro para arreglar las cosas con violencia.

El respeto entre ciudadanos ha decaído y todos tenemos responsabilidad en ello, sin generalizar ni caer en los absolutos, pero podemos darnos cuenta que muchos de nosotros no nos interesa por sobre quien se tenga que pasar para lograr mi objetivo.

Continuamente hay una nueva historia de impunidad de libre tránsito, y podría mencionar cientos de infracciones que presencio diariamente, que si yo fuera un policía que tuviera que cubrir una cuota de infracciones, sólo bastaría tener ganas de hacer valer la Ley, y me pregunto ¿Qué acaso tengo imán para ver esas cosas? ¿Los policías de vialidad, no ven lo que pasa? Desde no respetar un alto de disco o del semáforo, hasta cosas más complicadas de comprender, como cuando pude observar a unos niños en la parte trasera del vehículo, sin cinturón de seguridad, asomándose detrás del cristal de la ventana hacia el exterior y esa ventana estaba atorada para que no se bajara el vidrio, con un cuchillo para carne… Ahí era claro que aparte de que cometían una infracción, el conductor podría incurrir en el delito de portación de arma prohibida y era una evidente negligencia traer un objeto punzo cortante al alcance de un menor y sin supervisión alguna.

Por otro lado también los copilotos no se quedan atrás en la repartición de responsabilidades, ya que algunos tripulantes sacan las manos por las ventanas, no usan el cinturón de seguridad, traen niños en brazos, se suben sin importar si no caben, y no falta uno que otro que me toca ver que el menor asome la cabeza por la ventana; también es frecuente ver al pick up que trae la caja retacada con trabajadores, y esta semana para mí fue el colmo de ver un vehículo de motor tipo vagoneta totalmente improvisado, con toda la carrocería mutilada en la parte trasera para que se convirtiera en pick up, placas americanas y para variar, la copiloto con una niña en brazos; algunos dirán: ”¡eso no es un delito, es su vehículo, puede hacer con él lo que le venga en gana!”, y en efecto, tal vez no es un delito, pero sí es una falta que a ellos les puede costar la vida, es como decir, que hay que dejar al suicida que se mate, porque es su vida.

No en qué momento nos dejó de importar el otro, en ninguna parte es legal todo este tipo de acciones, pero en nuestra ciudad sí es permisivo. Soy consciente de que hay familias que no cuentan con los recursos suficientes para tener un vehículo en regla y con las medidas de seguridad correspondientes, ya que no es fácil dejar de pagar cosas de primera necesidad y preferir gastar al menos unos $30,000.00 para un vehículo ya regularizado, $450.00 pesos para sacar una licencia, otros 450 pesos en placas, y otros $4,000.00 pesos mínimo para obtener un seguro para el automóvil, pero al momento de un percance, lo que pudo ser un accidente menor, puede terminar en desgracia, con pérdidas humanas o daños irreversibles en la salud de los involucrados.

Todas las problemáticas de vialidad podrían aminorarse si se implementara la Cultura Vial, que sólo es cuestión de cumplir con los requerimientos de seguridad para que el flujo de personas pueda llegar a su destino, es decir, la Cultura Vial busca prevenir y/o aminorar lesiones que pueden suscitarse en un percance de tránsito.

¿Por qué insisto en la cordialidad y respeto de las personas? Porque es la manera más viable para evitar confrontaciones y perder tiempo, si todos obedeciéramos señales,  cediéramos el paso a los caminantes, diéramos preferencia a los vehículos de emergencia, respetamos la fila en la línea fronteriza tratando de no obstaculizar el flujo del tránsito local, si ¡por el amor de Dios! usáramos la direccional correctamente y no viráramos intempestivamente sin señal alguna y más cuando andamos en glorieta, si dejamos el celular por un momento alejados de las redes sociales y las llamadas que impiden que nos concentremos en nuestro actuar cuando conducimos, entonces, podríamos evitar el caos del que la mayoría nos quejamos y seríamos una civilización, y con menos pérdidas humanas, con un impedimento menos para llegar a tiempo a nuestro rumbo, todo eso si al menos tuviéramos lo que yo llamo “civilidad de desplazamiento”.

Uno pensaría que optar por el servicio público es la mejor opción, pero aquí hay mucha más tela de dónde cortar, ya que se han creado mayor fama estos últimos meses con los “calafiazos”, ya sea por imprudencia por conducir a exceso de velocidad o por una falla mecánica que al igual se sigue siendo negligencia del conductor y/o propietario de la unidad, por no darle el mantenimiento adecuado a la unidad. Además es de todos sabidos que los transportistas buscan tener mayor pasaje, y emprenden su carrera a toda velocidad para ganarle a sus compañeros, pese a los grandes accidentes en los que se ven involucrados, desde choques, volcaduras, hasta personas que caen de los escalones porque arrancan antes de que bajen las personas; algunos taxistas son unos cafres al volante, se atraviesan con una prepotencia como si fueran los reyes de la calle, ah y si se meten con su plaza son unas fieras, cuántas personas han sido golpeadas porque implementan un transporte alternativo, más económico y de mejor calidad, y los trabajadores del volante tradicionales se ven amenazados. ¿Qué les cuesta dar un servicio decente? Pero bueno, la decisión es del usuario y hay que tener libre y limpia competencia, como bien lo dice el filósofo español Víctor Corcoba Herrero: “El progreso consiste en renovarse”.

Una persona alguna vez me dijo: “Sí existe la Cultura Vial. ¿Tú crees que no sabe la ciudadanía que está mal tener autos chocolates? ¿Acaso los transportistas no saben que no deben traer autos sardinas y que los usuarios no saben que no deben permitir que los lleven en asientos improvisados o en la puerta del camión con un pie de fuera? ¿Crees que la policía no mira todas las irregularidades que está a la vista de todos? Claro que sí, sólo que no se hace nada”. Coincido que muchas personas tomaron por cultura la corrupción, la indiferencia y tienen conocimiento de que muchas de las cosas que practican continuamente al circular de una u otra manera está mal, basta echar un vistazo a todos los que cruzamos la frontera, en donde vehículos antes de cruzar la línea se ponen el cinturón de seguridad, se hace revisión completa del vehículo, que ni un faro del carro esté sin funcionar, en México hacen y deshacen metiéndose a las filas y no sólo los propios, sino también los extraños (es decir los que vienen de Estados Unidos a México, y peor los pochos, que se sienten la divina majestad; insisto no todos son así, pero muchos de ellos sí), y aquí manejan a toda velocidad rebasando al estilo rápidos y furiosos, pero una vez en los Estados Unidos, todo es diferente, hacen altos eternos, en la luz amarilla del semáforo disminuyen la velocidad, ceden el paso al peatón aunque vayan a paso corto, utilizan la direccional desde una cuadra antes, todo es cordialidad y amor, ¿por qué?, porque las sanciones de tránsito allá son más severas y se hace cumplir la Ley, todos sabemos que esta conducta no está bien y no podemos llamar Cultura Vial a algo que es contrario a su objetivo principal, prevenir accidentes y minimizar daños ante un percance, no basta tener la teoría sino llevarlo a la práctica.

Pero la Cultura Vial no solo es cuestión de los conductores de vehículos, como bien se ha dicho, es de todo aquello que tenga que ver con el tránsito de personas, por lo que también es tarea de los peatones, ya que no falta la persona que por ser cruce peatonal, con toda la determinación se avienta a cruzar la calle sin saber si el automovilista ya se percató de que una persona se encuentra atravesando la vialidad, o cuando ni siquiera hay cruce y a media calle se le ocurre cruzar una calle de forma diagonal apareciéndose de la nada o en semáforo con la “manita roja”, se ponen en una postura de ”Yo soy un peatón, tengo preferencia, paso porque paso”, y por hacerse los dignos, terminan con una lesión que pudo evitarse por un poco de amor propio a que ganara el orgullo.

Casi para finalizar, no quiero dejar de lado la falta de respeto que todos tenemos en algún momento con las personas con algún tipo de discapacidad, para empezar, la sociedad en ocasiones no deja libres los espacios reservados para ellos, el gobierno también no le tiene mucha consideración que digamos ya que no les brinda los espacios necesarios para que también tengan movilidad; en otros países la infraestructura promueve que las personas con capacidades diferentes puedan desplazarse de un lugar a otro sin ningún problema, y de esta manera pueden participar en la mayoría de las actividades de la sociedad.

Ilusamente llegué a pensar que otros países tenían más personas discapacitadas que en nuestro país, porque los veía en todos lados y muy integrados; hasta que comprendo que mi teoría estaba completamente fuera de la realidad, ya que no es que no tengamos discapacitados, sino que no existe las facilidades para movilizarse en las calles de Tijuana, las rampas de acceso son pocas o inexistentes en las banquetas, si es que existen banquetas, porque hay lugares que tienen sólo un hilo de banqueta, o por hacer cocheras en los domicilios particulares hacen una serie de declives siendo intransitable el paso, existen banquetas de tierra que se utilizan como tiraderos o simplemente a algún ciudadano se le ocurrió comprar o adjudicarse pedazo de banqueta a su casa; hay que reconocer que sí existen rampas, pero sólo se encuentran en los lugares céntricos y muchas se encuentran en mal estado o con declives muy pronunciados, por lo que las personas con discapacidad y sus familias prefieren que se encuentren resguardados en sus casas y no salen tanto como en otras urbes más desarrolladas.

La ciudad de Tijuana, tiene un importante flujo de personas, a todo momento hay tráfico en algún punto de la ciudad, arrancones, ‘frenones’, gritos ofensivos, claxonazos, son el día a día de las calles de esta ciudad y hasta que no exista un gobierno que apueste más que poner un camioncito, a poder ejercer el programa de Cultura Vial, y darle la importancia correspondiente, podremos tener  una ciudad digna para transitar libremente, aminorando las problemáticas caóticas causadas por el tránsito y accidentes viales.

* Licenciada en Ciencias de la Comunicación, miembro activo del ColcomBC.

 

 

 

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